Amigos de por vida
Para los jóvenes, ser testigos directos de la pobreza es una experiencia que les cambia la vida. John Arbuckle, profesor australiano de Historia del BI, explica cómo la participación en un proyecto de la fundación World Vision puede ayudarles a aprender acerca de la justicia social.
Como profesor de Historia del BI en St Leonard’s College en Melbourne (Australia), me gusta que mis alumnos me planteen temas relacionados con la justicia social y la acción social. Me apasiona descubrir formas de enseñar mejor acerca de la pobreza, la justicia y otros problemas mundiales. Así, en 2004, me interesé en la fundación World Vision Australia (WVA) como posible socio. Quería proponerles un modelo para abordar el desafío del aprendizaje experiencial de temas de alcance mundial: el proyecto Global Issues Education Experience.
El propósito principal del proyecto es la educación entre pares sobre los problemas de las naciones en vías de desarrollo. Con este fin, uno o dos alumnos fueron seleccionados de entre varios colegios, se les dio información en materia de desarrollo y las habilidades necesarias para transmitir a sus compañeros lo que habían aprendido.

En primer lugar, a fines de 2004 los colegios fueron invitados a unirse al proyecto. De los colegios participantes, St Leonard’s College fue el único Colegio del Mundo del BI. Cada colegio seleccionó a los alumnos que los representarían en función de sus cualidades de liderazgo, su vivo interés en la justicia social y su participación en otras actividades benéficas. Su tarea fue aprender acerca de las causas y consecuencias de la pobreza y las estrategias de desarrollo para paliarlas, entre otros temas. Una gran parte de lo que aprendieron fue durante un viaje de dos semanas en el cual estudiaron los proyectos de la fundación World Vision en Vietnam y Camboya.
Uno de los objetivos clave era que los alumnos australianos profundizaran su conocimiento y comprensión del desarrollo. Asimismo, debían recaudar fondos para los proyectos de World Vision.
No obstante, el primer desafío fue financiar este proyecto. Para ello, organizaron distintas actividades: puestos de panchos, rifas, tardes de juegos, proyección de películas, lavado de autos, venta de chocolate, trabajos fuera del horario escolar, puestos de tortas. Fue un proceso largo y lento, pero finalmente recaudaron el dinero necesario.
También comenzaron las sesiones de capacitación. Los alumnos debían tomar conciencia de los problemas generales relacionados con la pobreza y el desarrollo, así como adquirir información específica acerca de los proyectos que iban a ver.
Con gran expectación, nos encontramos en el aeropuerto de Melbourne la mañana del 17 de junio. Por la noche, ya estábamos cenando en China Beach en Da Nang, en el centro de Vietnam. El equipo estaba formado por ocho alumnos (representando a seis colegios), dos profesores y dos miembros de WVA.
Durante esa semana, nuestro equipo estudió in situ distintos tipos de proyectos mientras nos dirigíamos al sur hacia Ciudad Ho Chi Minh (la antigua Saigón). La segunda semana transcurrió en Phnom Penh (Camboya) y sus alrededores.
En un pueblo de montaña, se había creado un centro de salud financiado por la fundación World Vision. Un factor fundamental para su creación fue la elevada tasa de mortalidad infantil. Estaba atendido por una sola enfermera y ofrecía, entre otros servicios, inmunización infantil, educación en materia de nutrición y salud pediátrica, y apoyo a mujeres embarazadas o con hijos pequeños. Los niños habían preparado canciones para sus visitantes extranjeros (muchos de ellos nunca antes habían visto un extranjero). Los alumnos australianos les retribuyeron con sus propias canciones, juegos y regalos.
Esto mismo se repitió en todos los pueblos y los colegios que visitamos durante esas dos semanas. Después de cada visita, los alumnos se reunían para intercambiar, calificar y comprender toda la información que habían adquirido en relación con los objetivos del proyecto de desarrollo. Estas reuniones fueron una parte importante del viaje, ya que permitieron a los alumnos comprender qué factores habían llevado a poner en marcha un proyecto de desarrollo, la estrategia y los objetivos generales del proyecto, y las medidas tomadas para garantizar su éxito.

Los alumnos estudiaron in situ varios proyectos de desarrollo agrícola. Muchas familias pobres reciben ayuda agrícola de diversas formas: semillas o animales para comenzar un programa de siembra o de crianza de ganado, aperos o construcciones agrícolas, educación y asesoramiento profesional. Los alumnos visitaron las fincas, fueron acogidos por las familias, presenciaron una sesión de capacitación para el desarrollo agrícola y conocieron a los muchos responsables de desarrollo que gestionaban los proyectos. Escucharon historias de lucha y de éxito. Los alumnos quedaron profundamente conmovidos por la hospitalidad de muchas familias y pueblos que compartieron con ellos su comida a pesar de sus evidentes limitaciones.
El proyecto “Bamboo Shoots” de World Vision en Phnom Penh fue probablemente el que presentó el mayor desafío. Las familias hacen frente a la pobreza de distintas formas. Algunos padres simplemente se rinden bajo esta carga y sus hijos tienen que arreglárselas solos.
Uno de los aspectos del proyecto es un programa de ayuda a los niños de la calle. Dos veces por semana, las personas involucradas en el proyecto se reúnen en una calle de la ciudad y la declaran “zona segura”. Instalan luces y los niños emergen de las sombras. Se monta un puesto de primeros auxilios y la mayoría de las personas que acuden presenta heridas que son producto de peleas callejeras. Durante la noche se ofrecen educación y juegos a los niños, y después se sirve una cena.
Algunos de los niños optan por vivir en un refugio: una casa grande en las afueras de Phnom Penh. Unos 47 niños (de entre 8 y 16 años) vivían allí cuando la visitamos. El refugio cuenta con una escuela, ofrece ayuda para la reunificación familiar y organiza el alojamiento con familias en régimen de acogimiento, y a los niños más grandes se les enseña un oficio.
Los alumnos quedaron impresionados por la desigualdad social en Vietnam y Camboya. Vieron ciudades apartadas donde algunas personas podían permitirse tener telefonía móvil y televisión satelital, mientras que la salud pública, la educación, la vivienda y el bienestar eran insuficientes para el resto. Desde las montañas del oeste de Vietnam hasta los valles bajos y la costa sur del país, desde la expansión urbana descontrolada de Ciudad Ho Chi Minh y de Phnom Penh hasta las llanuras ribereñas del sur de Camboya, vieron los rostros que hay detrás de las estadísticas.
Ahora, estos alumnos se enfrentan a su desafío más importante: ayudar a sus compañeros a comprender lo que ellos han aprendido. Se ha establecido un proceso de revisión para evaluar el éxito de la enseñanza entre pares.
Jess Birnie-Smith, una alumna del BI en St Leonard’s College, resumió así su vivencia del proyecto: “Me ha cambiado la forma de ver la pobreza. En el proyecto Bamboo Shoots en Phnom Penh, me encantó conocer a los chicos y oír sus historias, y la conexión que sentí con ellos fue la más fuerte que sentí en todo el viaje. No quiero que suene trillado pero, en verdad, la experiencia me cambió la vida.”
Lazos afectivos en Bali
Cuando los alumnos de un Colegio del Mundo del BI de Japón visitaron un colegio en un pueblo de Bali se zanjaron las diferencias culturales.
La mayoría de los colegios internacionales posee declaraciones de principios similares a las de Osaka International School (OIS): formar jóvenes solidarios, creativos e informados capaces de contribuir a la comunidad mundial. Estos ideales suenan bien, pero ¿cómo pueden los docentes hacerlos realidad si la mayoría de los alumnos en los colegios internacionales procede de familias acomodadas?
Una forma de lograrlo es brindar a los alumnos la oportunidad de participar en programas de intercambio, de modo que puedan aprender de la experiencia. Lyn Melville-Rea, coordinadora de CAS del colegio OIS, organizó la visita de ocho alumnos, siete profesores y nueve acompañantes a Sekolah Menengah Kejuruan (SMK) de Payangan, un colegio de formación secundaria profesional situado en una zona rural de Bali (Indonesia).
Los alumnos aprendieron cosas distintas unos de otros: los alumnos del OIS impartieron inglés, japonés y conocimientos básicos de informática, mientras que los alumnos del SMK les prepararon el desayuno como parte de su capacitación en hostelería. Por las tardes, los alumnos y profesores del SMK impartieron clases de dibujo, danza e indonesio a los alumnos del OIS. Entre clase y clase, jugaron al básquet y al bádminton y comieron juntos en la cantina.
“Como los alumnos eran de la misma edad, les resultó fácil formar relaciones de amistad y comprender el modo de vida, los valores y la cultura de sus nuevos amigos”, comenta Lyn.
Se organizó un paseo para que los visitantes japoneses conocieran un pueblo y tuvieran ocasión de oír charlas sobre el trabajo infantil y cómo erradicar la pobreza mediante la educación.
En la cena de despedida, los representantes del colegio OIS probaron a pronunciar un pequeño discurso en indonesio y los alumnos de ambos colegios bailaron danzas típicas. Se derramaron muchas lágrimas y se hicieron innumerables promesas de seguir en contacto.
“Ahora que estamos de regreso en Japón, valoramos mucho más las instalaciones de nuestro colegio y somos más conscientes de que debemos ayudar a quienes no gozan de nuestra misma suerte económica”, agrega Lyn. “Ahora estamos estudiando de qué formas podemos ayudar a los alumnos en Payangan. Nos entusiasma pensar que los fondos que recaudemos serán para nuestros nuevos amigos.”
